Recomendaciones a un humano: lo que un perro odia de ti

La empatía es indispensable para interpretar a nuestras mascotas. La sana convivencia depende de la administración correcta del amor y las reglas. Por eso y para eso compartimos siete consejos para lograr el equilibrio.

Ojo con su cara:

Nos morimos de amor al contemplarlo. Nos parece que el conjunto del hocico, boca, ojos y orejas es una obra maestra de la naturaleza, digna de acariciar hasta el cansancio. Pero debemos controlar el instinto, su rostro es un espacio al que le molesta las muestras de amor. Más bien destinemos las caricias al cuello y al pecho. Nos lo agradecerán.

Bonus: los perros odian que los abracen. Suelen tensarse, bajar la mirada y las orejas cuando están atrapados en nuestros brazos.

Decirle “no” a la socialización forzada:

Que adore salir no significa que lo haga para entablar amistades. No lo obliguemos a interactuar con otros caninos. Si quiere jugar lo decidirá sin ayuda. Que en el parque se dedique a olisquear en vez de corretear a otros peludos es una determinación respetable. No atentemos contra su autonomía.

Perfumes y otro demonio:

Depende de nosotros que su olfato hiperdesarrollado no sea su talón de Aquiles. Evitemos aplicarle perfumes. No solo les perturba el cambio de su humor natural; puede irritar sus mucosas al punto de enfermarlos.

Los perros también detestan los disfraces. Ponérselos es un exceso al que lamentablemente se pueden acostumbrar. Respetemos su integridad, digamos “no” a camisetas, faldas, trajes, gafas y sombreros.

Lenguaje:

Humanizarlos es otro error recurrente. Recordemos que es un animal. No va a entender cuando le pidamos que no se nos tire encima al ponernos el traje y la corbata. Tampoco hará caso a nuestras sofisticadas instrucciones, como que deje de acostarse en el sillón en el que suele dejar montañas de pelo.

Para los malgeniados:

Los perros captan nuestra energía. Levantarse o acostarse con el pie izquierdo influyen en su comportamiento. Estudios han demostrado que pueden llegar a replicar el malhumor. Verter nuestro enojo en el trato es otro escenario indeseable. Las mascotas nos recuerdan que la vida se resume en dar amor la mayor cantidad de veces posible, sin escatimar.

Salida exprés:

Tratemos de que el paseo sea duradero, que no se reduzca a ir al baño. Permitamos que huela, deambule y corra. Una salida es sinónimo de esparcimiento, llevemos una pelota o su juguete favorito para que juegue a sus anchas. El perro es un deportista en potencia. Está cargado de energía y se muere por derrocharla.

Fuente:elespectador.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *